sábado, 3 de diciembre de 2016

Los moriscos corsarios de Hornachos (Badajoz) y la República Independiente Andaluza de Salé-Rabat (Marruecos). (Primera parte)

         Antes que el rey Felipe III ordenara en el año 1609 la expulsión de los más de 300.000 moriscos (musulmanes españoles que, tras la conquista de Granada, fueron obligados por ley a convertirse al cristianismo mediante el bautismo), era Hornachos (Badajoz) una villa económicamente rica y próspera, que llegó a ser Cabeza de Partido por orden de los Reyes Católicos en siglo XV. Poseía una agricultura variada, con huertos, viñas, colmenas, y ganadería, complementada con la artesanía y la explotación de sus minas de hierro y plata. Nunca pensaron aquellos hornacheros, agricultores, pastores y artesanos, el vuelco que la vida les tenía preparado en un futuro no lejano, y que les llevarían a convertirse en una de las comunidades corsarias más temidas por las naciones europeas de su época.

Ataque berberisco de Simonsen Nils (F.I.)

Y fue tras la política de conversión llevada a cabo desde el 1502 por el cardenal Cisneros, política de conversión o exilio por la cual los mudéjares pasaban a ser cristianos, religiosa y jurídicamente, teniendo los mismos derechos y obligaciones que cualquier otro cristiano. Cuando Hornachos fue considerado como el último reducto del Islam en Castilla, siendo el 95% de su población moriscos bautizados.

El porqué de tan alta densidad de moriscos en Hornachos, más de 2000 individuos entre mudéjares antiguos, unos autores apuntan a la idea de la sumisión, argumentando que durante la reconquista estos pueblos de la Extremadura, se habían rendido sin entablar batalla a los distintos monarcas cristianos, que les habían permitido quedarse a cambio de mostrar pleitesía y llenar de dinero sus arcas. Mientras que otros investigadores, achacan esta concentración a los Caballeros de la Orden de Santiago, encomienda bajo la que se encontraba Hornachos desde que, en el año 1235, fuera entrega al maestre don Pedro González el rey Fernando III, que utilizaron a los musulmanes conquistados como mano de obra barata para cultivar y explotar aquellas tierras.

En el 1494, un visitador de la Orden de Santiago informaba sobre Hornachos: “…no hallaron que avía en la dicha villa ni su término yglesia, porque todos son moros, salvo una capilleja que está en la fortaleza, en que oyen misa el comendador y los suyos.”

Vista de Hornachos (Badajoz) de C. Phillip (F. I.)

Tras la sublevación de las Alpujarras en el año 1569, la población mudéjar extremeña se vio exponencialmente ampliada con los 11.000 moriscos granadinos deportados, que fueron repartidos por las cabezas de partido, salvo la de Hornachos, Benquerencia y Magacela, que por su alta densidad de moriscos son excluidos del reparto. En 1570 se estimaba una población en Hornachos de 4.800 habitantes.

Sea cual fuere, aquella comunidad debido a su aislamiento había prosperado como una república independiente dentro del reino de Castilla, porque aun obligados a bautizarse contra su voluntad, los hornacheros que controlaban los cargos públicos, habían seguido mantenido y practicando su religión musulmana, sus tradiciones, seguían utilizando sus vestimentas y hablando su lengua árabe. Y todo con la aquiescencia de Castilla; pues Hornachos era una fuente constante de ingreso para su hacienda durante el siglo XVI. En el año 1580 en época de Felipe II, según el historiador Henri A. Kamen, “las tierras de Hornachos estaban valoradas en 122.300 ducados” y rentaba al año como Encomienda de la Orden de Santiago 6.000 ducados, de una población de 4.800 habitantes.

Fuente del desbautizadero Hornachos (F..Islam hoy)

 La villa poseía su propia tesorería con un gran poder adquisitivo, impartían su propia justicia, derecho adquirido cuando la villa compró su jurisdicción a Carlos I; incluso se creía que tenían su propia ceca para acuñar moneda falsa. Poseían un arsenal importante, y un ejército de mercenarios para su protección (habían comprado a Felipe II el privilegio a portar armas por 30.000 ducados) al cual acusaban de asaltar y matar a todo aquel que pasaba por la villa y daban notoria de su mala vida como cristianos. Y contaban con un alfaquí (doctor o sabio de la ley musulmana) entre ellos que los adoctrinaba.

También como luego reflejaría en sus acusaciones el tribunal de la Santa Inquisición, instalado en Llerena en el año 1527, poseían libros prohibidos, no comían puerco ni jabalí, ejercían el ayuno del ramadán, las abluciones, la oración, y practicaban las ceremonias de casamiento y enterramiento propias de la tradición musulmana o la fada (ceremonia de imposición del nombre) que la utilizaban para desbautizarse en la llamada fuente de “Hoya de la Maestranza o Desbautizadero de los Moros” sita al norte de la villa, a los pies de una atalaya.

Morisco llevando pan. Weiditz_Trachtenbuch F.I.)

Para cristianizar la villa y remediar toda aquella situación, la corona, enviaría a treinta familias de cristianos viejos, seleccionadas de distintos lugares, para asentarse en la villa, a cambio de exenciones y privilegios. También otorga una licencia especial a un capellán para adoctrinar la población desde edad temprana, pues de bien sabido era que los moriscos apenas comprendían las lenguas románicas de los predicadores, e impondrá una serie de normas, como las de prohibirles llamarse entre sí por nombres árabes. Normas que debían velar por su firme cumplimiento el alcalde de la encomienda y el cura de Hornachos.

En año 1530 para apoyar aún más la cristianización, el emperador Carlos V, promovido por el Arzobispo de Sevilla Alonso Manrique, decide fundar en la villa un convento de la orden de los franciscanos, el Convento de San Idelfonso. Que comenzaría a funcionar como Casa de recoletos en 1553, y como noviciado ya en el año1626.

“…en la villa menos los clérigos, y ocho o diez cristianos viejos, y los frailes del Convento de San Francisco, son todos moriscos.”

Desde el siglo XV Hornachos va a ir perdiendo su importancia estratégica, abandonando la Orden de Santiago progresivamente el castillo. En el 1575 los comendadores dejan de habitarlo, y en el 1604 ya se encontraba abandonado por completo, hechos que van afianzar el poder de los moriscos en la villa.

Castillo de Hornachos (A.E. Amigos de los Castillos)

Pero aquella convivencia pacífica entre cristianos y moriscos se había de quebrantar, los pocos cristianos viejos que aún quedaban, de las treinta familias asentadas la mayoría habían optado por marcharse, se quejaban ante el monarca del poco poder político y económico que ostentaban, demandas que van degenerando en odio y hostilidad hacia los moriscos, convirtiéndose estos cristianos junto con los clérigos, en los mayores confidentes de la inquisición de Llerena. Una inquisición que ya no quitaría sus ojos de la villa de Hornachos.

En un principio los dineros ofrecidos en sobornos a algunos de los miembros del clero y familiares, permitían que sus transgresiones fueran obviadas, y salieran impunes de las acusaciones. Incluso llegaron a tener los moriscos de Hornachos su propia red de contraespionaje dentro de la inquisición, que les informaban y les avisaban.

Desde el año 1584 al 1596, de los 155 procesados por la Inquisición de Llerena, 121 eran moriscos de Hornachos acusados de herejías, de encubrir sus tradiciones y de traicionar a la corona. Y unos años antes de la expulsión, el porcentaje había subido a un 95% de los encausados y con ello las condenas pecuniarias de los inquisidores.
 
Sala de tormento de la Inquisición (F. I.)

El párroco de Hornachos, el licenciado Diego de Cuenca, mantenía su propia cruzada contra los moriscos, enviando tres memoriales acusatorios y llevando sus enfrentamientos y acusaciones ante el mismísimo monarca. Otro enemigo de los moriscos de la villa era Juan de Chaves Jaramillo, alcalde de la encomienda de Hornachos, cuyo fin máximo era perseguir a los moriscos “hasta echarlos de España, aunque gastara su hacienda en ello.” En una de sus acusaciones afirmaba: “…que tienen trato y comunicación con los moros de África y otros extranjeros para alzarse con ellos…”

Ante tanta insistencia y de las cada vez más denuncias sobre la actitud deplorable y los hechos atribuidos a los moriscos de Hornachos, el monarca tuvo que enviar a la villa en varias ocasiones, al Alcalde de Casa y Corte Gregorio López Madera, con plenos poderes para impartir justicia y mantener la paz. Entre las acciones que llevó acabo, sentenció y mandó ahorcar a numerosos cabecillas moriscos, les arrebató el privilegio de portar armas, confiscó un arsenal de armas: arcabuces, espadas y adargas; que se hallaban escondidas en silos subterráneos bajo sus casas, peñascales y cuevas. Prohibió el uso de tradiciones árabes, su vestimenta y su habla la “algarabía” (una jerga entre el castellano y el árabe), mandó azotar a numerosos moriscos y envió a galeras perpetua a otros doscientos. La última vez que el Alcalde López Madera arribó en Hornachos, sería para ejecutar el decreto de expulsión.

Felipe III. Diego Velázquez 1635

Como he comentado anteriormente, el veintidós de septiembre de 1609, el monarca Felipe III firmaba la Real Cedula ordenando la expulsión de todos los moriscos del Reino de Valencia, a los que seguirían el decreto del 10 enero de 1609 que afectaba a los moriscos de Andalucía, Murcia, y la villa de Hornachos, y poco después los de Extremadura, Castilla y Aragón.

“…primeramente, que todos los moriscos deste reino, así hombres como mujeres, con sus hijos, dentro de tres días de cómo fuere publicado este bando en los lugares donde cada uno vive y tiene su casa, salgan dél, y vayan á embarcarse á la parte donde el comisario, que fuere á tratar desto, les ordenare, siguiéndole y sus órdenes; llevando consigo de sus haciendas los muebles, los que pudieren en sus personas, para embarcarse en las galeras y navíos, que están aprestados para pasarlos á Berbería, á donde los desembarcarán, sin que reciban mal tratamiento, ni molestia en sus personas…”  

Este decreto enviará al exilio a más de 300.000 moriscos españoles, creando un déficit demográfico en ciertas zonas y por ende un empobrecimiento del país. Se perdió a unos fieles pagadores de impuestos a la Hacienda Real, a una sociedad con fama de trabajadora, mientras muchos de los cristianos viejos se dedicaban a luchar por España en guerras fuera de la península. Los moriscos eran excelentes trabajadores de la tierra (un refrán popular decía “Una huerta es un tesoro, si el hortelano es un moro”), una especializada mano de obra artesanal, con ellos desapareció una gran industria consolidada de curtidos, sedería, paños, algodón, etc… y adinerados comerciantes. En definitiva, los moriscos contribuían al esplendor y la prosperidad económica de España. 

Embarco Moriscos en el Grao de Valencia 1616 de Pere Oromig (F.I.).

El destino final de estos moriscos en Berbería eran las costas del norte de África: Túnez, Orán, Argel o Marruecos, pero también Egipto, Turquía y otros países musulmanes. No en todos los lugares fueron recibidos de igual forma, pues si bien en algunos casos habían pactado con las autoridades su acogida, caso de Oran (que era plaza española), pero la falta de previsión y el gran número de moriscos llegados, provocó enfrentamientos con las tribus beduinas cuando los moriscos expulsados se adentraban en el interior del territorio. Allí eran saqueados de las pocas riquezas y enseres que aún les quedaban. Hechos que tuvieron que atajar las autoridades otomanas, argelinas y marroquíes alentadas por los responsables religiosos, con el envío de tropas para defenderlos.

“Salieron millares para Fez (Marruecos) y otros millares para Tremecén (Argelia), a partir de Orán, y masas de ellos para Túnez (Tunisia). En sus itinerarios terrestres, se apoderaron de ellos beduinos y gente que no teme a Dios, en tierras de Tremecén y Fez; les quitaron sus riquezas y pocos se vieron libres de estos males; en cambio los que fueron hacia Túnez y sus alrededores, llegaron casi todos sanos…”

Llegada de los Moriscos a Orán 1613 de Vicent Maestre (F-I-)

Pero, no sólo se les expulsaba, también se les confiscaban sus bienes raíces que eran para la Hacienda Real, debían costearse su propio pasaje, 70 reales por cabeza si el destino era Marsella o los estados italianos y 50 reales si era Berbería. Y había un añadido más, una cruel exigencia que marcaría trágicamente a muchos moriscos, debían entregar obligatoriamente a las autoridades todos los hijos menores de siete años para evangelizarlos y salvar así sus almas, si el exilio era hacia los países musulmanes.

“…los mochachos y mochachas menores de seis años, que fueren hijos de cristianos viejos, se han de quedar, y sus madres con ellos, aunque sean moriscas; pero si el padre fuere morisco y ella cristiana vieja, él sea expelido, y los hijos menores de seis años quedarán con la madre…”

Este decreto impulsado por el Arzobispo de Valencia Juan de Ribera, que incluso llegó a defender la venta de los morisquillos como esclavos a cristianos viejos antes de enviar a esos “seres inocentes” a Berbería. Y que junto al Duque de Lerma, entre otros, fue el más firme instigador de la expulsión. Pero la aplicación del decreto tuvo muchos inconvenientes, bien por la premura de la expulsión o por la anarquía a la hora de interpretar el decreto en si en cada puerto, pero también, por las represalias posibles que ocasionarían la separación de los morisquillos de sus padres, y la escasez de población de cristianos viejos para acogerlos y amamantarlos.

Juan de Ribera de Luis de Morales                  Duque de Lerma

Aunque en la práctica la mayoría de los morisquillos menores de dicha edad embarcaron con sus padres, los que fueron raptados, arrebatados u obligados a quedarse corrieron distintas suertes. Los que se quedaron con el consentimiento de sus padres, estos se preocuparon en dejarlos con cristianos viejos conocidos y de buena reputación o con moriscos de conversión probada. Otros, los que fueron arrebatados a sus padres y repartidos por los obispos, fueron utilizados para servir en tareas domésticas como criados o en agrarias, con la obligación de sus criadores de cuidarlos hasta los doce años, después estarían a su servicio en pago de manutención y crianza hasta los veinte que quedarían libres. Y los más perjudicados fueron aquellos niños que arrebatados o raptados, y de espaldas al rey fueron vendidos como esclavos, llevando una vida de miseria y castigos. Recientes estudios de François Martínez, han elevado a 3.578 los morisquillos que por diferentes circunstancias quedaron en España.

Hay que tener en cuenta que Orán en Argelia era una plaza española desde que en el año 1509 fuera tomada bajo el mando del Cardenal Cisneros y Pedro Navarro hasta 1792, y lo mismo ocurría con Melilla española desde 1497 y Ceuta, que tras la muerte de Sebastián I de Portugal en 1578 se incorpora a la corona española.

Moriscos expulsados (F.I.) 

Se les dio un plazo de 30 días, que se prorrogó en 50, para abandonar sus tierras, y bajo estrictas medidas fueron agrupados y conducidos a los puertos de embarque. Y aunque se dictó un Real decreto para que no se les atacaran, robaran e insultaran, muchos fueron las injusticias que recibieron por los caminos y los pueblos por donde pasaron y en las naves donde se les embarcaban, bien por avaricia o bien por odio, los moriscos fueron apaleados, apedreados, asaltados, robados y asesinados.

“Que ningún cristiano viejo ni soldado, ansí natural de este reino como fuera dél, sea osado á tratar mal de obra ni de palabra, ni llegar á sus haciendas á ninguno de los dichos moriscos, á sus mujeres ni hijos, ni á persona dellos...”

Los moriscos de Hornachos en tres días tras anunciarse el decreto salieron en caravanas con sus pocos enseres que no habían malvendido, pues, aunque se les autorizaban a llevar todos los bienes muebles que pudieran transportar, el patrimonio dejado, bajo amenaza de pena de muerte, no podían ser destruidos o escondidos, y pasarían en su totalidad a la hacienda real, excepto una parte que iba a las arcas de la Inquisición.

Moriscos con mujer y niño de Christoph Weiditz (1529)

La mayor parte de los bienes de los moriscos de Hornachos valorados en 180.000 ducados sirvieron para pagar la deuda que Felipe III había contraído con la familia de banqueros alemanes Fugger o Fúcar, a la cual le seguía debiendo más de 30 millones de maravedís.

“El Rey. Don Juan Tomás Favaro, Comendador de Huélamo de la Orden de Santiago, que por mi mandado administráis las haciendas que dejaron los moriscos de la villa de Hornachos que fueron expulsados de los Reinos y me pertenecen que por una cédula firmada de mi mano y refrendada de Pedro de Osma, secretario, en once de julio pasado de seiscientos y nueve mandé librar a Marcos Fucar y hermanos ciento y ochenta mil ducados que valen sesenta y siete cuentos y quinientos mil maravedís en dinero, oro o plata que para mí vino de las Indias el dicho año, conforme a él me dio, tomando con ellos en diez y siete de noviembre de seiscientos y ocho sobre la paga de lo que mi real hacienda les debía…”
 
Manuscritos árabes S.XV de  Hornachos 

Escoltados por soldados reclutados de las comarcas cercanas que encabezaba el Alcalde López Madera fueron llevados a Sevilla. De los 4.800 moriscos censados por la Inquisición en 1594; según J, Fernández Nieva; en el momento de la expulsión sólo quedaban 2.500, pues muchos habían optado unos meses antes por abandonar voluntariamente la villa, muy a su pesar, dirección Francia. 

Los de Hornachos son los primeros moriscos expulsados de Extremadura, y representaban la mitad de todos los moriscos expulsados de tierras extremeñas. Conducidos al puerto de Sevilla, para la mayoría era la primera vez que veían el mar y también la primera y última vez que lo cruzarían embarcados en galeras y navíos rumbo a su destierro. El 4 febrero la Inquisición de Llerena informaba que las tres compañías de moriscos de Hornachos habían llegado a Sevilla, “…donde dicen los embarcaron no sabemos para donde…·

Danza morisca  de Christoph Weiditz (1529)

Los de Hornachos se mantuvieron siempre como una comunidad muy cohesionada, siempre juntos, apoyados en su consejo de la villa, ayudándose unos y otros, llegando unos a pagar el viaje de los más desfavorecidos para que no fuesen separados, mediante una bolsa común. Tras ellos en 1611 salieron los moriscos de las villas de Benquerencia y Magacela que embarcaron en Málaga y Cartagena.

Con la expulsión de los moriscos de Hornachos, la villa entra en decadencia como enclave económico importante y poblacional. En el siglo XVIII su población no superaba los 2.400 vecinos, dedicados en su mayoría a las tareas del campo. También pierde su categoría de cabeza de partido en favor de Llerena que en 1640 recibió el título de ciudad por parte de Felipe IV.

La expulsión de los moriscos (1894) de Gabriel Puig Roda.

Antes de embarcar rumbo a su exilio, los de Hornachos lucharon hasta el final para que les fueran devueltos sus hijos, aludiendo que sus países destinos eran cristianos, hecho que no ocurrió, pues según consta en los escritos, los hornacheros que tuvieron que dejar sus hijos en la villa, estos morisquillos ante los pocos vecinos que quedaron fueron repartidos y ubicados entre las localidades vecinas por el cura de Hornachos. Pero no solo se quedaron los niños, según estudios recientes de Esteban Mira Caballos, expone la posibilidad que una parte de la población morisca, el 25%, se quedara en Hornachos, entre mujeres y “moriscos de paz”, moriscos de conversión sincera que contaban con el favor de las autoridades civiles y eclesiásticas y que participaron activamente de los cultos cristianos.

      ---Fin de la Primera Parte---

Gracias y hasta la próxima.

Escrito por: Jesús Sierra Bolaños
  

Fuentes consultadas:
- “1609: los morisquillos, la otra mirada de la historia.” I. Gironés Guillem.
 - “Cartas marruecas: documentos de Marruecos en archivos españoles (siglos XVI-XVII)” Mercedes García-Arenal y Fernando Rodríguez Medianos
- “Diccionario geográfico-estadístico-histórico de España y sus posesiones de ultramar” Pascual Mádoz.
- “El enfrentamiento entre moriscos y cristianos viejos. El caso de Hornachos en Extremadura” Julio Fernández Nieva
- “El exilio morisco. Las líneas maestras de una diáspora.”  Luis F. Bernabé Pons.
- “Historia de los moriscos” A. Domínguez Ortiz, Bernard Vicent.
- “Hornachos enclave morisco, peculiaridades de una población distinta.” Alberto González Rodríguez.
- “La convivencia rota” Tarek Khedr.
- “La expulsión de los moriscos de Extremadura (1609-1614)” Mª Ángeles Hernández Bermejo, Rocío Sánchez Rubio y Isabel Testón Núñez.
- “La expulsión de los moriscos” Rafael Benítez Sánchez-Blanco.
- “La Inquisición y los moriscos extremeños (1585-1610)” Julio Fernández Nieva.
- “La permanencia de los moriscos en Extremadura” François Martínez.
- “La presencia morisca en la Extremadura de los tiempos modernos” Isabel Testón Núñez.
- “La República andaluza de Rabat en el siglo XVII” Guillermo González Busto.
- “La senda de los moriscos; en busca de los otros españoles” José Manuel Fajardo.
- “Los corsarios de Salé” José Manuel Gutiérrez de la Cámara Señán”
- “Los moriscos antes y después de la expulsión.” Mikel de Epalza.
- “Los moriscos de Hornachos. 400 años de su expulsión. Pasado y presente.” Lorenzo Corcobado Navarro.
- “Los moriscos de Hornachos, corsarios de Salé” Revista de Estudios Extremeños.  A. Sánchez Pérez.
- “Los moriscos de Hornachos, crucificados y coronados de espinas.” Fermín Mayorga Huertas.
-” Los moriscos de Hornachos: una revisión histórica a la luz de nueva documentación” Esteban Mira Caballos
- “Los moriscos en Berbería” Martine Ravillard 
- “Los moriscos en Extremadura (1570-1613)” Mª Ángeles Hernández Bermejo, Rocío Sánchez Rubio y Isabel Testón Núñez.
- “Los moriscos en Marruecos” Guillermo González Busto.
- “Los moriscos españoles y su expulsión.” Pascual Boronat y Barrachina.
-“Monografía histórica-descriptiva de la villa de Hornachos” A. Muñoz de Rivera.
- “Piratas, bucaneros, filibusteros y corsarios en América.” Manuel Lucena Salmoral
- “Salé et ses corsaires (166-1727)” Leïla Maziane
- “Salé, una República Andaluza en el exilio norteafricano del S. XVII” Guillermo González Busto
- “Una república corsaria andaluza en Marruecos” Revista AH Beatriz Alonso Acero
- “Una sociedad conflictiva: España, 1469-1714.” Henry A. Kamen.
- “Un censo de moriscos extremeños de la Inquisición de Llerena” J. Fernández Nieva.

- “Vida del capitán Alonso de Contreras” Alonso de Contreras

sábado, 17 de septiembre de 2016

Monumentos desaparecidos: El convento de Santa María de Jesús de Cáceres

         En la plaza de Santa María, en el solar donde hoy está ubicado el edificio de la Diputación Provincial de Cáceres, existió antaño el convento de monjas jerónimas de Santa María de Jesús.

Palacio de la Diputación de Cáceres. 

         Fundado posiblemente a finales del siglo XIV, pues no se conservan sus actas fundacionales, fue en sus principios un pequeño beaterio con una iglesia que apenas medía tres metros de anchura, y estaba separado de la Iglesia de Santa María por el llamado callejón de Jesús y del Palacio de los Golfines por la calle del Rey.

         En el año 1434 el pequeño beaterio se amplia, al heredar la comunidad de doña Beatriz García unas casas situadas a espaldas de la iglesia de Santa María, junto al cementerio parroquial, además de otras casas en la villa, caudales, tierras y viñas.

“…en todos mis bienes muebles y rayces a (ilegible) Alfon madre de las ermanas y a todas las otras ermanas espirituales…en la collación de santa maría que alindan a las espaldas de las dichas casas al cementerio de la dicha iglesia,,,”

Plano de Cäceres de1845 donde se observa aun la iglesia y el convento. 

Años más tarde, en el 1479, las monjas se incorporan a la orden de San Jerónimo, orden española que contaba con el patrocinio real de los Reyes Católicos, y por ende con el apoyo de la nobleza.

Reciben la regla de la orden de fray Juan de Ortega Maluenda, obispo de Coria (1479-1485), padre general de orden de los Jerónimos, y allegado a los Reyes Católicos. sirviendo las religiosas bajo la advocación de Santa María de Jesús.

Una segunda ampliación del convento, se llevará a cabo en el año 1493, y para ello Alonso Holguín o Golfín, regidor de la villa en aquella época, llega a un acuerdo con la orden por la cual se compromete aportar los dineros necesarios para la realización de la nueva iglesia, que sustituirá la pequeña capilla que se encontraba en el interior del cenobio. Poniendo como condición que la casa de los Golfines ejerciera el patronato de la capilla, y también la facultad de poder ubicar sus enterramientos en la capilla mayor.

Mapa de Cáceres de F._Coello 1853 (vean la iglesia y el convento)  

Para la construcción del nuevo templo, se van anexionar la llamada calle Real o del Rey, ofreciendo las monjas en compensación al Concejo una casa propiedad de la orden, sita junto a la de los Golfines, para su derribo como ensanchamiento de la calle. El templo según relata Boxoyo contaba: “…con cuatro altares; su capilla mayor edificó a sus expensas don Alonso Golfín…” 

Fue bendecido por el obispo de Fez D. Francisco de León en el año 1498.

         Las obras de la iglesia terminan alrededor del año 1504, colocando en ella los Golfines sus panteones blasonados con sus armas, un retablo igualmente timbrado y en la fachada exterior de la capilla mandan esculpir la leyenda: “Aqví esperan los Golfines el día del juizio”

Palacio de la Diputación de Cáceres 1924 (F.I.)

         Alfonso Golfín va unir el patronato de la iglesia a su mayorazgo recién fundado con facultad de los Reyes Católicos. Mayorazgo que el 22 de febrero de 1507 hereda su hijo Sancho Paredes Golfín, Camarero Mayor de Isabel “la católica”, que casó con Isabel Coello, dama de la reina; tuvieron 19 hijos, once varones y ocho hembras de las cuales tres profesaron como monjas en el convento de Santa María de Jesús.

Durante todo el siglo XVI, el convento va ir aumentando mediante las donaciones de casa de feligreses, entre ellas destaca la donación de la muy noble familia de los Ulloa: “…hallaron convenia incorporar unas casas de Lorenzo de Ulloa Solís en la calle que Sta. María y casa de Diego de Carvajal a la Puerta del Rio…”

En sus capillas además de los enterramientos del linaje de Golfines, se fueron añadieron otras familias como los Tapias, Sánchez, Ximeno, Blasco o Agüero.

Palacio de la Diputación de Cáceres 1939 (F.I.)

A finales del XVI, las monjas Jerónimas cacereñas tuvieron un arduo enfrentamiento con el obispo de Coria, Pedro de Galarza que quería que pasaran a clausura como dictaban los canones tridentinos, siete años duró dichos enfrentamientos.

Llegó a gozar el convento de un gran prestigio entre la nobleza cacereña, que le reportaba numerosos privilegios, exenciones y tributos. Y pese a los votos de pobreza, castidad, y obediencia propios que la orden profesaba, acumularon grandes riquezas de rentas, inmuebles y títulos. El 27 de julio del año 1662, fray Francisco de Gamboa, obispo de Coria (1660-1662), les concede la licencia para que el convento tome posesión del mayorazgo en cabeza de Dña. Leonor de Carvajal y la Cerda.

Diputación de Cáceres 1975 (F.I.)

         En el año 1743 se produce una nueva disputa, ahora entre las monjas Jerónimas y don García Golfín y Carvajal que acabaría en pleito. El motivo, las monjas acuerdan sustituir el retablo donado por Alonso Golfín en el siglo XV y sustituir sus escudos, por otro que costearía la familia de una de las monjas que profesaban en el convento, y que sería ejecutado por el maestro Bartolomé Xerez, vecino de Trujillo, que había tenido una pequeña participación en 1733 en el retablo del Tránsito de la Virgen de la catedral de Plasencia y en el retablo de la iglesia parroquial de Brozas en el año 1740, según el profesor Salvador Andrés Ordax.

Don García Golfín se opone como patrono de la iglesia, y aunque en las portadas, claves y sepulcros aparecen los blasones de los Golfín, y estar allí sepultados lo más granado de la familia, las monjas no reconocen a los Golfines el título de patrono. Al final el pleito se falla a favor de la familia Golfín, manteniendo sus escudos en el retablo.

Cementerio de Sta, María por la calle Amargura (F. Recuerdos Cacereños.)

En el siglo XVIII el convento posee unas grandes dimensiones, y tenía su acceso y portería por la calle Amargura, ubicada en la que fue casa de Hernán Pérez de Ulloa. Y contaba con un gran prestigio en la esfera diocesana.

         Con la desamortización de Mendizábal de 1836, la capilla es derruida (algunas sepulturas se trasladaron al patio del palacio de los Golfines de Abajo, junto a su leyenda: “Aqví esperan los Golfines el día del juizio”), y el convento se convierte en gobierno civil, escuela normal de maestros o de párvulos.

Y el 16 de agosto de 1866, en sesión extraordinaria, el Ayuntamiento de Cáceres cede la propiedad a la Diputación, que cuatro años después reedifican, casi en su totalidad, aprovechando materiales de otras construcciones como las fachadas y los elementos arquitectónicos del también desaparecido Seminario de San Pedro (del cual ya escribí en este blog) derribado unos años antes.

Escudo de Galarza en la Diputación de Cáceres.

         Y así, una vez más, otro edificio histórico y de gran raigambre de Cáceres, como el Convento de Santa María de Jesús, refugio divino de aquellas doncellas hijas de las familias de la más alta alcurnia de la villa como los Aldanas, Andrada, Carvajal, Torres, Figueroa, Golfín, Téllez o Ulloas y su iglesia, lugar de reposo final de sus ancestros, desaparece o pierde su identidad histórica en el Cáceres de intramuros.

         Gracias y hasta la próxima.


         Escrito por: Jesús Sierra Bolaños

Fuentes consultadas:
-         “Noticias históricas de Cáceres y su patrona” Simón Benito Boxoyo
-         “Memorial de Ulloa” José M. Lodo Mayoralgo
-         “Guía de Cáceres” Antonio C. Floriano.
-         “El ayer del Palacio Provincial” Teodoro Fernández y Sánchez.
-         “Recuerdos cacereños del siglo XIX” Publio Hurtado
-         “Religiosidad y ciudad. Las modificaciones urbanísticas en el Cáceres medieval intramuros y las órdenes religiosas.” Pilar Mogollón Cano-Cortés.
-         “Cáceres, paseo por la eternidad” Francisco Acedo Fernández Pereira.
-         “El desarrollo urbanístico de Cáceres (siglos XVI-XIX)” M.M. Lozano Bartolozzi.
-         “Monumentos artísticos de Extremadura”. Salvador Andrés Ordax

-         - “Historia de la villa de Atienza” Francisco Layna Serrano

sábado, 30 de julio de 2016

¡¡Gracias por las 100.000 vistas!!

      Superadas ya las 100.000 visitas en mi blog, quiero aprovechar la ocasión para daros las gracias a todos aquellos que me seguís en esta aventura literaria, desde aquella parte del mundo en donde os encontréis. Agradeceros vuestro tiempo, comentarios, ánimos y apoyos, por que gracias a ellos, aquellas historias y leyendas que me contaba mi abuelo Agustín sobre las casas y palacios de Cáceres, se transformaron en palabras escritas. Y también gracias a vuestra curiosidad  he podido egoístamente ampliar mis conocimientos de esas historias y leyendas, casi olvidadas, de personas, hazañas o mitos que hacen grande esta humilde tierra nuestra de Extremadura. Lo dicho, muchas gracias a todos por vuestro apoyo y en especial a mi familia, Y espero seguir contando con vuestro favor en las próximas historias que estoy investigando y que serán para mi todo un placer daros a conocer.

        Nos vemos a la vuelta de vacaciones.

sábado, 2 de abril de 2016

La llamada “Diosa Ceres” de Cáceres.

         Vestigio inerte de la Colonia romana Norba Caesarina, y ajena a su controversia, esta, aún misteriosa escultura togada realizada en un solo bloque de mármol, ha sido testigo mudo, desde sus distintas ubicaciones, del devenir de los habitantes de Cáceres.

"Diosa Ceres" (F. Museo Provincial)

         Concebida para ser expuesta de frente y en altura, bien en una hornacina o en una pared (de ahí que la parte trasera sea plana y apenas esté esbozada), es de mayor tamaño que al natural, en su mano izquierda sujeta una cornucopia con flores y frutas y en la derecha (hoy desaparecida) tenía un manojo de espigas, parece ser que este antebrazo se hizo con un fragmento de mármol distinto. Viste con una túnica con toga levantada sobre la cabeza, angulosa y falta de naturalidad.

Misteriosa incluso a la hora de fechar y situar el lugar de su descubrimiento, algunos autores, como José de Viú, afirman que fue hallada en el siglo XV en la ribera del Salor, pero la referencia más antigua aparece en la obra “De rebus Hispaniae memorabilibus” del año 1530, escrita por el humanista italiano y cronista del rey Fernando “el católico”, Lucio Marinero Sículo.

Detalle trasero de la "Diosa Ceres"

Se hallaba entonces cuando visitó la villa, en el atrio del Corregidor (actual foro de los Balbos), en donde el Concejo municipal celebraba sus reuniones, plenos e impartía justicia. La identificó como la diosa romana Ceres, diosa de las cosechas, la tierra, y la fertilidad, asociándola también con el origen del nombre de la ciudad, la “casa de Ceres”.

Atrio del Corregidor de Cáceres (Hoy Foro de los Balbos)

En el siglo XVI el canónigo y beneficiado de Ledesma Gaspar de Castro, en su paso por Cáceres se refiere a ella como la “diosa Fortuna”. Pero muchos de los escritores posteriores como Solano de Figueroa o Rodríguez de Molina, siguieron identificándola erróneamente como la “diosa Ceres”, quizás tal equivocación de Lucio Marinero Sículo, fue debida a sus orígenes. Lucio era oriundo de Sicilia en donde la diosa Ceres fue antaño patrona, y se la representaba habitualmente en una estatua sedente de una bella mujer, de cabellos largos, portando en su mano derecha un haz de espigas de trigo, y en la mano izquierda una antorcha. Y aquella estatua cacereña, con un manojo de espigas en la mano derecha y una cornucopia o cuerno de la abundancia en la izquierda, se le asemejaba, y junto con el nombre dado a la villa debió influir a la hora de identificarla.

Ya en el siglo XVIII, Antonio Ponz, hablan de ella como una representación de la abundancia o la Paz, pero para el pueblo llano cacereño era conocida popularmente como la “Santa de la Plaza”

Grabado de 1800 de A. Laborde  
    
     En época del cronista cacereño Simón Benito Boxoyo, quien la sigue identificando como la “diosa Ceres”, la estatua aún permanecía en atrio del Corregidor, como muestra el grabado que recoge en el 1804 Alexander Laborde en su “Voyage pittoresque et historique de l´Espagne”, aunque ya el antebrazo derecho había desaparecido. ¿Cómo? ¿Por qué? Pues según hace constar Rodríguez de Molina:

“…que ha hecho desaparecer el tiempo con el descuido, y poco aprecio de una antigüedad tan estimable…han dexado la imagen sin estos dos distintivos que han confundido el desprecio o la poca curiosidad de nuestros Mayores.”   
      
Con el paso del tiempo van surgiendo otras interpretaciones de autores, como el ya mencionado Laborde y Emil Hübner (gran impulsor de la epigrafía extremeña), quienes por su togado capite velato, la identifican con el genio que representaba al emperador Augusto.

"Diosa Ceres" en el templete de Bujaco (F.I 1950).

         En el año 1819, Vicente Palomar, dueño de una empresa de carretas que cubría la ruta de Cáceres a Sevilla, obtuvo la concesión por parte del ayuntamiento, para construir una serie de almacenes para guardar sus mercancías en la zona del atrio del Corregidor, a cambio de fabricar por su cuenta un templete sobre la Torre del Reloj (hoy torre de Bujaco) donde debía colocarse la estatua de la “diosa Ceres”. Un año más tarde la “diosa Ceres” desde un templete de ladrillos vigilaba y protegía a los cacereños desde lo alto de la torre más significativa de la villa.

“Se da cuenta de la presentada por el maestro alarife Juan Rico y consortes relativa a los gastos hechos en la obra de la torre de la Plaza de esta villa para trasladar la Diosa Ceres y colocar la lápida de la Constitución, importando cinco mil seiscientos cuarenta y ocho rs y 23 ms., y en vista se acordó: que se despache libramiento.”  AHM Cáceres, Libros de Acuerdos, 1820, 12 de junio 1820.

Torre del Reloj o Bujaco (F.I. 1941)

De nuevo, estudiosos se fijan en nuestra misteriosa estatua, uno de ellos es el arqueólogo José Ramón Mélida, quien lanza una nueva idea, nuestra “diosa Ceres” es un “genio andrógino de la colonia”, teoría que también apoya Carlos Callejo, descubridor de las pinturas de la cueva de Maltravieso.

 En 1962, la estatua de la “diosa Ceres” es bajada y colocada en eventualmente en el atrio del ayuntamiento nuevo, bajo uno de los soportales, hasta que se traslada al museo provincial sito en la Casa de las Veletas, donde se halla desde entonces.

En el año 1996 una réplica realizada en marmolina por el taller de Universidad Popular de Cáceres, bajo la dirección de Juan Muro, fue colocada cerca de su antiguo lugar en el atrio del Corregidor (hoy Foro de los Balbos), para disfrute de la ciudad.

Réplica de la "Diosa Ceres" Foro de los Balbos

En la actualidad, estudios recientes como el del catedrático de arqueología Enrique Cerrillo Martín de Cáceres han revelado que la misteriosa escultura, representa a un varón anónimo con togada sacerdotal cubriéndose la cabeza de la época Julio-Claudia.

Diosa, genio de Augusto, representación de la Fortuna, de la Abundancia, de la Paz, Santa de la Plaza, genio andrógino, genio protector de la colonia, o simplemente un varón anónimo, para nosotros, los cacereños esa misteriosa estatua, siempre será la estatua de nuestra querida “Diosa Ceres”.

Gracias y hasta la próxima.


Escrito por: Jesús Sierra Bolaños


Fuentes Consultadas:

- “De rebus Hispaniae memorabilibus” Lucio Marinero Sículo.
-“Voyage pittoresque et historique de l´Espagne” Alexander Laborde
- “Claudio Constanzo y la epigrafía extremeña del siglo XIX” Enrique Cerrillo Martín de Cáceres
- “Extremadura en el siglo XVI. Noticias de viajeros y geógrafos.” A. Rodríguez Moñino
- “Viage de España.” Antonio Ponz
- “Noticias históricas de Cáceres y monumentos de la antigüedad que conserva” Simón Benito Boxoyo
- “Ayuntamiento y familias cacerenses” Publio Hurtado
- “Catálogo monumental y artístico de la provincia de Cáceres” José Ramón Mélida.

- “Cáceres visto por un periodista” Miguel Ortí Belmonte