viernes, 14 de septiembre de 2012

Anécdotas sobre las visitas de la Reina Isabel “La Católica” a la Villa de Cáceres.

Retrato de Isabel "La Católica" (F.I.)

La reina Isabel “La Católica” visitó la villa de Cáceres en dos ocasiones la primera en 1477 y la segunda en 1479, esta vez acompañada de su esposo, Fernando “El Católico”, alojándose en ambas ocasiones en el Palacio de los Golfines de Abajo, situado cerca de la Iglesia de Santa María. Durante su estancia dejó varias anécdotas que por parte iré relatando.
Palacio de los Golfines de Abajo, Cáceres.

Era costumbre en la época que los monarcas antes de entrar en la ciudad debían jurar  los fueros y privilegios que regían dichas villas. Así el 30 de junio de 1477, la reina Dª. Isabel “La Católica”, antes de entrar en Cáceres por la Puerta Nueva (hoy arco de la Estrella), acompañada del Cardenal Mendoza y rodeada de su séquito, de los caballeros, escuderos, oficiales y hombres buenos de Cáceres, juró sobre los Santos Evangelios, conservar y defender los Fueros, privilegios y libertades de la villa.

Testigo de ello fue el bachiller Hernando de Mogollón, quien, arrodillado le presentó el misal y le pidió: “Jura defender y acatar los fueros, privilegios, buenos usos y costumbres de la villa de Cáceres que fueron dados por don Alfonso IX rey de León y de Galicia.”

Y doña Isabel con su mano derecha en libro sagrado, majestuosamente le respondió: “Sí, juro, e amén”

Puerta Nueva o Arco de la Estrella, Cáceres.


El 9 de Julio de 1477, la reina recibe a todas las autoridades de la villa y según se cuenta mientras le son leídos los capítulos de las ordenanzas que su alteza les había dado para un buen gobierno de Cáceres, y que fueron aceptadas bajo juramento por 96 caballeros y escuderos en representación de la ciudad (la villa en esos momentos tenía unos 2000 vecinos), y mediante las cuales la Villa pasa a ser de Realengo (Villa o señorío urbano que pertenece a un rey), y sus Regidores (doce de nombramiento real y perpetuos); ella permanecía sentada sobre una piedra y en otra apoyaba sus pies.

En los ratos de ocio, pues estuvo varias semanas en Cáceres, Doña Isabel paseaba por la villa y sus alrededores. En uno de sus paseos llegó hasta una huerta en la ribera del Marco, donde se encontró con un humilde labrador atareado en sus quehaceres diarios, el campesino al verla, sin conocer quién era, le ofrece como modesto presente una manzana. La reina gratamente sorprendida ante el gesto desinteresado del buen hombre, le habla:
“Por tu gentil gesto, yo, Doña Isabel por la gracia de Dios Reina de Castilla, de León, de Toledo, de Sicilia, de Galicia, de Sevilla, de Córdoba, de Murcia, de Jaén, de los Algarves, de Algeciras, de Gibraltar, Princesa de Aragón, e señora de Vizcaya e de Molina, te otorgo el favor de pedirme cualquier cosa que desees.”  

A lo que el labrador respondió: “Lo único que deseo es agua para poder regar mi huerto, mi señora.”
Y así se hizo, desde ese momento y en el futuro, la reina le concedió el privilegio a dichas tierras para ser regadas, cual fuere su destino en el tiempo, Y dicha disposición se mantiene hasta nuestros días. Y es conocida como la huerta de la Merced.

Ribera del Marco, Cáceres.


           Otra leyenda cuenta que al ver ondear la Reina Isabel La Católica, el Pendón de la Villa, tan roto y deshilachado, y siendo tan ilustre estandarte la enseña que Alfonso IX había traído en la conquista de Cáceres y que por entonces se había convertido en un estandarte para la Villa, conocido como el de San Jorge en honor al Santo.
Una vez que la reina estuvo en sus aposentos del Palacio de los Golfines de Abajo, pidió a los representantes del concejo:

 “Hacedme traer tan solemne emblema, orgullo y fervor de la Villa, que tan deteriorado ha sido por el uso dado durante siglos.”

 Y a una de sus damas de compañía le dijo: -“traedme también aguja e hilos”- y ella misma en sus aposentos rodeada de la ilustre nobleza que le acompañaba, se encargo de remendar y rebordar con sus propias manos sobre seda carmesí, puntada a puntada,  las roturas y desperfectos que el paso del tiempo había obrado en tan insigne enseña, incorporando a él el castillo, ya que anteriormente sólo tenía el león.

El pendón de seda natural de 230 por 180 centímetros, y está considerada como la bandera concejil más antigua de España y la primera en la que aparecen unidos los símbolos de los dos reinos, el de Castilla y el de León, evidencia histórica de su unificación.
Pendón de San Jorge

            Otro curioso ordenamiento que realizan los Reyes Católicos en 1491 es autorizar y regular  las casas del pecado (o sea burdeles), para salvaguardar a las mujeres honesta y evitar que fueran tomadas por lo que no eran o asaltadas por equivocación. Así a las meretrices se las confinan en zonas concretas, obligando las a vivir y a trabajar únicamente en mancebías, se las obliga a vestir de una determinada manera, llevando un distintivo de su profesión (una toca azafranada o la mantilla corta y encarnada) y prohibiéndoles el lujo y la ostentación de joyas, pieles, sedas… A demás debían pasar una revisión médica periódica que era pagada por el municipio.
Y así lo hace constar:  "Ha de elegirse lugar conveniente, fuera de la población, donde menos perjuicio se haga al vecindario, para construir las casas donde deben habitar las mujeres del pecado..."- haciendo oficial dichas casas.-
En Cáceres estas casas se situaron cerca de una de las puertas de la muralla, la de Mérida, en la calle de las Damas (de ahí su actual nombre, Calle Damas), cerca de la actual plaza de Santa Clara.  Y por algún curioso se lo pregunta en cuanto a precios de estos servicios, es difícil conocerlos y dependía mucho si eran guapas o feas, con defectos, ajadas o si vestían bien.
Cartel de la calle de damas, Cáceres.


Hasta la próxima leyenda, y gracias por vuestras visitas.

Escrito por : Jesús Sierra

Fuentes:-“Noticias Históricas de Cáceres”. Simón B. Boxoyo
              -“Las Huellas de Isabel La Católica”. Francisco Acedo,
                José Miguel Carrillo, María Dolores García.
              -“Resumen de historia local” Antonio Rubio Rojas

7 comentarios:

  1. Podría pasarme la vida leyendo tus historias...me encantan

    ResponderEliminar
  2. Isabel, tanto monta, monta tanto...genial!! Quiero más!!! :)))

    ResponderEliminar
  3. Otra gran historia hijo,sigue asi pues son muy buenas, a ver si tienes suerte, y alguien con autoridad las ve y le interesan que tengas mucha suerte pues te la mereces.

    ResponderEliminar
  4. Jesús, estupendo como siempre.
    María José

    ResponderEliminar
  5. Muy interesante.
    Me encantó lo de "ella permanecía sentada sobre una piedra y en otra apoyaba sus pies", una imagen memorable, exquisita.
    Respecto a la anécdota del labrador, la perorata de títulos nobiliarios no condice con las descripciones de "sesuda", "humilde" y "muy medida en sus palabras". Tal vez el hecho sí sucedió pero el diálogo no se dio de esa forma, no sé...
    Muchas gracias por el artículo, Jesús, muy interesante.

    ResponderEliminar
  6. Gracias por tus comentarios. Seguramente el intercambio de palabras entre el labrador y la reina sería mas sencillo, pero, lamentablemente no se conserva y es una licencia creativa mia para dar si cabe mas solemnidad al hecho. Gracias

    ResponderEliminar
  7. Me parece perfecto, Jesús. Gracias a vos. Saludos desde Uruguay.

    ResponderEliminar