viernes, 2 de noviembre de 2012

La leyenda de la Torre de Floripes


Hoy viajaremos a las afueras de la Villa de Cáceres, al pantano de Alcántara donde se halla, hoy en día en sus profundidades, el castillo de Alconetar, del cual sólo se vislumbra desde la lejanía la llamada “Torre de Floripes.”
Torre de Floripes del Castillo de Alconetar de Cáceres
(F.I. Madregal)


Según cuenta la leyenda, en el año 713 d.C. los caudillos árabes con Tarik a la cabeza, continúan con la invasión de la península llegando a inmediaciones de Alconetar donde había un puente romano de trece arcos que cruzaba el rio Tajo en su ruta de la Vía de la Plata. Pronto se dieron cuenta los berberiscos de la importancia de dicho enclave y reconstruyeron el antiguo castillo romano circundante entre los ríos Tajo y Almonte, dotándolo de fuertes muros y torres altas.

En el año 800 d.C., para frenar el avance islámico, el emperador Carlomagno invade la península y en uno de sus enfrentamientos uno de sus paladines de nombre Oliveros vence al ejército musulmán dirigido por Balán y su hijo Fierabrás (que significa el de feroces brazos) rey de Alejandría, pero en la batalla cae cautivo junto con otros cuatro caballeros, y son enviados al castillo de Alconetar conquistado años antes por un capitán árabe llamado Mantible. Por órdenes expresas del rey Fierabrás son encerrados en sus mazmorras, y custodiados por el alcalde de la fortaleza el leal Brutamonte.

A Fierabrás siempre le acompañaba su bella hermana Floripes, que además de princesa era capitán de su guardia personal. Fierabrás estaba perdidamente enamorado de ella, pero la bella Floripes despreciaba las insinuaciones amorosas de su hermano, pues su amor era para un caballero cristiano, uno de los Doce Pares de Francia (doce caballeros sobrinos de Carlomagno), Guido de Borgoña que lo había conocido en los campos de batallas, surgiendo un amor prohibido entre ambos jóvenes.

El emperador Carlomagno enterado de la noticia, envía a siete de los Doce Pares de Francia, encabezados por Roldán, junto a Guido de Borgoña, a negociar la liberación de los prisioneros con Fierabrás, pero son mandados apresar y encarcelados también en el castillo. 

Retrato de Carlomagno, por Alberto Durero (F.I.)

            Enterada la princesa Floripes que Guido de Borgoña se hallaba entre los nuevos cautivos, aprovecha la ocasión para procesarle su amor al caballero cristiano y planear un rescate de los prisioneros cristianos.

            Una noche fría y oscura parte hacia el castillo acompañada de fieles ayudantes de cámara para llevar a cabo su plan de rescate. A las puertas del castillo le dan el alto los guardias.
            “Abrid las puertas.” -Grita Floripes.-
            “¡Quien va, da os a conocer o moriréis bajo nuestras flechas!” -Gritan desde la muralla.-
            “Nos envía nuestros señor Fierabrás, y hablar con el alcaide queremos.” -Responde la joven princesa.-
            “Avisado está y de camino viene, permaneced a la vista y no hagáis acción alguna.” -Volvieron a gritar dese la muralla.-

Al rato se oye una nueva voz: “Quienes soy y que queréis” -dijo Brutamonte.-
            “Acaso no me reconoces, soy Floripes, hermana y capitán de tu señor Fierabrás, abrid las puertas.”
            Al instante se baja la poterna, y se abren las puertas, adentrándose al interior del castillo la joven junto con su escolta.           
            “Por orden de mi hermano vengo a comprobar el estado de los prisioneros.” Le dice al alcaide.
            “Pero mi señora tengo órdenes de no dejar pasar a….” -Respondía Brutamonte, cuando alzando la voz es interrumpido por la princesa- “Acaso osas interponerte ante mí, princesa, hermana y capitán de la guardia personal de nuestro rey.”

            Confiado el alcaide guía a las mazmorras a la joven, una vez allí solos en un descuido de Brutamonte, la joven le clava una daga en el corazón dándole muerte. Presto coge las llaves de las celdas, libera a Guido y al resto de caballeros franceses y les conduce clandestinamente a sus aposentos para trazar la huida.

Representación del Fierabrás por Jehan Bagnyon.


            Pero el ladino y celoso Fierabrás, percatado de la ausencia de su querida hermana, y bajo una sospecha e incrédula teoría, había partido de inmediato con sus mejores guerreros hacia el castillo, llegando poco tiempo después que su hermana. Raudo corrió hacia las mazmorras, encontrándose muerto a su fiel Brutamonte. Dando la voz de alarma manda cerrar la fortaleza.

Los caballeros cristianos armado, hacen frente a los guardias sarracenos consiguen llegar guiados por a la princesa Floripes a la torre más alta del castillo, haciéndose fuertes en su interior. Conociendo Fierabrás lo inexpugnable de dicha torre, manda un mensajero a su campamento para que bajo orden de auxilio acudan al castillo y poner sitio a dicha torre  para rendirla por inanición y sed.
A suerte deciden los caballeros que uno debe de tratar de escapar y hacer llegar la noticia al emperador Carlomagno. Y la maldita fortuna quiso que la suerte recayese en Guido de Borgoña.
“Amado mío, parece ser que el destino nos quiere volver a separar, mas si no es en la tierra, Dios nos reunirá.”
“Ante Dios prometo volver y liberarte de este cautiverio.” -Y se despidió de Floripes, que derramaba lágrimas por sus ojos, y ambos se fundieron en un dulce y tímido beso.-

  Para conseguir franquear a los guardias y huir de la fortaleza, tramaron una maniobra de distracción para que entre el tumulto y la algarabía que se armaría el joven Guido disfrazado de guardia sarraceno consiguiera escapar. Y así sucedió, consiguió Guido escapar y llegar a presencia del emperador Carlomagno que tras explicarle los hechos toma la decisión de partir con sus tropas hacia el castillo venciendo al fiero Fierabrás, y liberando a los cautivos.

El feliz reencuentro de la pareja es sellado por la entrega en matrimonio por parte del emperador de la dulce Floripes a Guido de Borgoña. Más al ir a preparar el banquete para las nupcias, no hallan vituallas suficientes para todos los comensales, y he aquí que unos de los sarracenos allegados a Fierabrás a cambio de su libertad revela a Guido de Borgoña,  un secreto, que en los sótanos de la torre se hallan ocultos los tesoros de Fierabrás entre ellos hay un mantel mágico que proporciona toda clase de alimentos y bebidas, se dice era el mantel de la última cena de Jesucristo (actualmente se halla en la capilla de San Miguel en la Catedral de Coria, Cáceres), pero además también  hallaron el famoso bálsamo de fierabrás (que se menciona en el Quijote), pócima maravillosa capaz de sanar todas las heridas (eran dos barriles con los restos del ungüento con que fue embalsamado el cuerpo de Jesucristo), que según las crónicas fueron robados por Fierabrás y su padre Balán, cuando conquistaron Roma.  
Mantel de la última Cena en la Catedral de Coria, Cáceres (F.I.)


En cuanto a Fierabrás, unos dicen que murió prisionero en sus propias mazmorras, otros que fue ejecutado, y algunos otros que desesperado, humillado y llorando la pérdida de su castillo y sobre todo de su amada hermana, fue condenado por Alá a vagar eternamente por la torre del castillo.

            Según cuentan los lugareños, cuando el agua del pantano osa anegar la torre de Floripes, a su alrededor se forma un misterioso remolino que son los gritos y lamentos de los espíritus condenados de Fierabrás y su fiel alcaide Brutamonte.


Más leyendas son y así te las he contado, gracias y hasta la próxima.


          Escrito por: Jesús Sierra    

          Autores consultados: Nicolás Piamonte
                                               Miguel de Cervantes

                                               Publio Hurtado

3 comentarios:

  1. Ya nos podían regalar ese mantel y el balsamo a nosotros ;).

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  2. En mi país El Salvador esa historia es contada desde hace 500 años por los historiantes de Tecpan Izalco la he estado investigando para una serie de obras pictóricas que estoy realizando y me gusto mucho como relatas la historia de Floripes. Me sera de mucha utilidad para la obra que voy a pintar. Gracias!!!

    Herlinda Regaldo
    (artista Plástica)

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    1. Gracias a ti por leerme Herlinda, y por darme a conocer que la historia es también conocida en El Salvador. Y me alegra mucho que mi forma de relatar te haya inspirado para tus obras. Un abrazo fuerte y si puedes mándame una foto de la obra cuando la tengas terminada, será un placer contemplar tu trabajo.

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